sábado 10 de marzo de 2012

Los maniquís de Ub Iwerks


Cuando en 1930 Ub Iwerks aceptó la oferta de Pat Powers, el hombre que había traicionado a Walt Disney, para que fundara sus propios estudios no se lo pensó dos veces. Iwerks podía tener motivos de sobra para abandonar al amigo que le había acogido, Walt no respetaba la autoría de las obras que se realizaban en sus estudios, limitaba la creatividad individual, y además la animación en los estudios Disney comenzaba a alejarse del estilo que quería Iwerks.

No fue hasta mucho tiempo después de la muerte de Walt que los artistas pudieron empezar a firmar sus obras, hasta entonces el espectador más incrédulo estaba convencido de que Walt dirigía, dibujaba o animaba las películas, además de tenerlo cómo el creador de Mickey Mouse y el Pato Donald; todo muy lejos de la realidad, otros nombres como el de Ub Iwerk, que no tenía nada que envidiar a Walt Disney en lo que se refería en aportación artística y técnica al estudio, quedaban relegados al ostracismo; todavía hoy la creencia de que Walt Disney fuera el creador de Mickey Mouse, que dirigiera los largometrajes o animara los cortometrajes sigue vigente. Esto no excluye la gran aportación de Walt Disney y su importancia como autor.

El “Ub Iwerk studio” no cuajó, y el artista años después, en 1940, tuvo que volver bajo el regazo de Disney. Poco se sabe de la relación que tuvieron a partir de la vuelta del artista, si solo fue fría y cordial, o por el contrario tan amistosa como en los comienzos. No hay indicios de que Walt Disney hubiera exculpado al que fuera su mejor amigo de su marcha, pero sí sabía valorar su calidad como técnico y artista, y sabedor de que lo iba a necesitar lo contrató como ingeniero asesor, puesto en el que permanecería hasta su muerte.

Fuera de los estudios le llegó el reconocimiento con un Oscar por su labor en los efectos especiales en la película de Alfred Hitchcock “Los pájaros” (1963). En vida nunca el artista recriminó a Walt Disney que se apropiase de muchos de los méritos que le correspondían a él. Aceptaba que por cuestiones comerciales se enfocara todo desde el nombre de Walt Disney, un nombre que acabaría convirtiéndose en una “marca registrada” que lo englobaba todo y que no había cabida para individualismos, todo por el éxito de las películas.

El fracaso como productor y director de Ub Iwerk pudieron ser por diferentes causas. Lo que fue claro es que carecía del olfato comercial que sí tenían los hermanos Disney; como animador era mucho mejor que como director, su narrativa era bastante limitada, mientras Disney tenían un gran electo de directores; su serie ComiColor Cartoons seguía la estela de las Silly Symphonies de Disney, pero con un estilo de animación estancado, mientras que el de Disney ya había evolucionado; no logro crear ni un solo personaje con una personalidad definida, mientras que con Disney cualquier secundario lograba tener personalidad fuerte; su humor seguía estancado en la comedia de principios de siglo; y todos sus cortometrajes tenían una narrativa llena de altibajos. En tanto como animador y técnico tenía un talento como no había ninguno otro en aquella época.

En sus últimos años como independiente y cuando la quiebra ya le había alcanzado trabajaría para la “Charles Mintz Screen Greem” (popular por sus dibujos de “Krazy Kat” -La gata loca-, creada por George Herriman), y fue en 1937 cuando dirigiría para este “Merry Mannequins” (Los alegres maniquís).

Impresionante cortometraje que se inicia con una gran panorámica vertical desde el techo de un rascacielos hasta su base, para luego fundir a un escaparate de ese mismo edificio donde se exhibe los dos maniquís protagonistas. Al llegar la media noche, como es habitual en la fantasía, los objetos inanimados cobran vida, y un pequeño Cupido no se le ocurre otra cosa que obsequiar con la flecha de su amor a la pareja.

Los maniquís emulando a Fred Astaire y a Ginge Rogers se lanzan a un baile contagiando al resto de objetos inanimados que se suman a la coreografía. Pero lo que debiera ser un final feliz se convierte en todo lo contrario, y la pareja protagonista se lo van a hacer pagar a responsable de todo, Cupido.


http://www.youtube.com/watch?v=h-53tdVXJwM


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domingo 4 de marzo de 2012

El Zapirón de Josep Escobar



Con la creación en 1942 de “Dibujos Animados Chamartín”, estudio formado por la fusión entre “Hispano Grafic Films” y “Dibsono Films” con la intención de aprovechar la nueva normativa que subvencionaban los cortometrajes, da comienza la edad de oro del dibujo animado español.

En 1949 se disolvería “Dibujos Animados Chamartín”, causa de la obligatoriedad de la proyección del NO-DO en todos los cines de España, que ocasionaría la extinción del cortometraje al quedarse sin lugar de exhibición. Finalizaría una etapa que por su variedad, cantidad y calidad no volvería a repetirse nunca más.

En aquellos estudios fue donde Josep Escobar se desarrollaría como realizador, no solo de cortometrajes de ficción, también haría películas didácticas y anuncios publicitarios. Es allí donde Escobar crea dos de sus personajes más emblemáticos, y seguramente las dos series más importantes de aquel período y por tanto de la historia del género en nuestro país, “Pituco” y “Zapirón”.

Zapirón ya había debutado como secundario en otra de las grandes series, tristemente hoy olvidada por el espectador, “Civilon”. Civilón era un toro andaluz antropomorfo que junto a su compañero el gato Zapirón correrían mil y una aventuras, muchas de ellas socorriendo a su compañera Civilona. La pareja sería considerada como el Mickey y Minnie patrio, y las semejanzas no estarían de más, Escobar nunca ocultaría su fascinación por los cortometrajes de Walt Disney.

Escobar, el cual también animaría, contaría con ayuda de animadores de la talla de Iranzo, Peñarroya, Urda o Cifré, que escribirían más tarde sus nombres con letras de oro en la historia del cómic español.

No olvidemos que Escobar junto a Peñarroya y Cifré, a quienes se uniría Conti y Giner formarían el “Tío Vivo”, una propuesta empresarial con la que replicar el estado de “represión” que se vivía en Bruguera. Que como sabemos hoy día, la aventura no salió del todo bien, historia esta que ha narrado Paco Roca en su magnífica obra “El invierno del dibujante”.

Zapirón debuta como protagonista absoluto en 1943 con “El cascabel de Zapirón”, una historia con ecos a la fábula de “El cascabel y el gato”, aunque ya había debutado como secundario en 1942 con “La sartén de Civilón”.

El cortometraje que mostramos aquí es “Zapirón busca empleo” de 1947, el último de la serie. Dos años después, en 1949, se disolvería “Dibujos Animados Chamartín”. Escobar seguiría sus funciones de realizador dentro la recién creada empresa “Estela Films, S.A.”, donde el autor protagonizaría otra de las grandes páginas de la historia, no solo de la animación, sino la cinematografía general de España. Escobar dirigiría en 1950 “Erase una vez…”, y eso que al autor le queda todavía por crear “Zipi y Zape” o “Carpanta”.

Hacía 7 años que Hanna y Barbera habían presentado “El gato se gana el zapatazo” protagonizado por el gato Jasper, serie que más adelante sería conocida como “Tom and Jerry”, las influencias de estos dibujos animados son notables en Zapiron, Escobar debió de haber conocido y admirado ese trabajo.

Como espectadores solo vemos el punto de vista de Zapirón, como ocurre con Jasper, de forma que solo apreciamos de cintura para abajo al único humano de la película. En ambas es la encargada de la casa que utilizan al gato para limpiar el hogar de roedores. Y mientras Jasper es vencido por la astucia de Jerry, Zapiron lo es por su codicia y colocar el ocio por encima del trabajo, cierto que con la ayuda de la astucia ratonil, pero es que Zapirón al contrario que Jasper se las tuvo que ver con muchos “Jerrys”

Aunque Zapirón hace uso de unos fondos impecables y detallados, y logra en muchos momentos una buena profundidad de campo, técnicamente está muy lejos de la obra norteamericana. Cuando en los años cuarenta la animación que se hacía en Hollywood ya contaba con cámaras multiplano u otras técnica similares, en España, todavía en los ochenta, era complicado, ya no una serie sino que un largometraje pudiera contar con una cámara multiplano. Pero en cuestión de animación Zapirón poco tiene que envidiar a otras propuestas foráneas.

Hay un marcado estilo pedagógico por encima de la acción endiablada o el humor desfogado, no solo las normas de educación a la hora de comer, sino de plantear la importancia de ir a la escuela para prevenir los peligros del futuro, con un mensaje final muy conciso, “más vale el ingenio que la fuerza”.

En 2006 se edito un DVD que recogía 5 cortometrajes de Josep Escobar, “Rebels amb causa Josep Escobar i els seus pesonatges”. El mismo se puede adquirir a través del museo de Granollers a un precio muy asequible.



miércoles 28 de diciembre de 2011

Recordando al maestro Bardin y sobre aquellos que desprecian el cortometraje


Hace pocos años la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España retiro la entrega del Goya al mejor cortometraje durante la ceremonia de aquella edición, haciendo dicha entrega de forma anónima en otro evento paralelo. El pretexto fue que a nadie le interesaba el cortometraje, y dedicar tiempo a esas entregas se convertía en una pedida de audiencia durante la emisión de la ceremonia en televisión. Todo el mundo puso el grito en el cielo –incluso los que no veían cortometrajes-, que si se despreciaba a la base del cine español o que menuda forma de apoyar al cortometraje.

No solo no me sume a ellas, sino que veía la decisión de la Academia acertada, por una parte tenían más razón que un santo, seamos sinceros, al espectador medio español le importa un cuerno el cortometraje, ya de por si le importa un cuerno el largometraje. Por otra algunas protestas eran molestas, sobre todo aquellas que destacaban esos términos de “base” o “cuna” del cine, y ese es uno de los grandes problemas, si consideramos el cortometraje como un producto de aprendizaje o un trampolín para un puesto de trabajo, nosotros mismos ya estamos desdeñando el propio medio, haciendo más daño que el que pueda hacer la academia eliminando el corto de esa entrega de premios.

¿El maestro Garri Bardin es menos cineasta que Pedro Almodóvar?, bueno, desde mi punto de vista más quisiera Almodóvar llegarle a sus pantorrillas. O Tex Avery, ¿es inferior a Spielberg? solo un mentecato diría que sí. ¿A caso Maupassant tiene menos mérito que Arturo Pérez Reverte por escribir menos novelas?, o ¿Borges no está a la altura que Corín Tellado por no haber escrito ni una sola novela larga?

A nadie en su sano juicio se le ocurriría decir que Borges escribía con el único objetivo de convencer a los editores para que le publicaran una novela larga, o que Maupassant lo hacía para ir cogiendo experiencia y enfrentarse luego a un texto largo. ¿Creen qué Avery dirigía con el objetivo de experimentar o convencer para que le produjeran un largometraje?

El problema es que los directores de cortometrajes de hoy día no obran por amor al medio, sino como trampolín hacia la popularidad y el dinero, con la esperanza de que su cortometraje sirva como puente a un largometraje, y ya no digamos si logran dirigir una película larga, no vuelven al corto ni de coña, eso sería un retroceso en su carrera.

De forma que no critiquemos a la televisión, industria, academia o al espectador por denostar al cortometraje, ellos no son peores que los propios realizadores.

Larga introducción para recordar al maestro Garri Bardin, un autor capaz de hacer películas con las que disfrutar y aprender mucho más que demasiados largometrajes llenos de parafernalias y vacíos de contenido.

En este post subo “Chorma’s adventures” (1978, Las aventuras de Choma), una película de nueve minutos producida por Soyuzmultifilm, fue el cuarto título del realizador ruso, y recordemos que el último de ellos, después de su muerte, fue estrenado en el 2010

Bardin que nació en 1941 debutó en esto del cine como actor, y no fue hasta 1974 cuando el intérprete quiso pasar a trabajar detrás de las cámaras pero en el terreno de la animación, tocando varias ramas como la plastilina, el stop motion y los dibujos animados, hasta alcanzar la cifra de quince películas, obteniendo a lo largo de su carrera una multitud de premios.

“Chorma’s adventures” es una película sencilla, que no significa fácil de hacer, una fábula con animales antropomorfos y con la moraleja final de que uno siempre recoge lo que siembra. A penas encontramos profundidad de campo en sus planos, algo solo apto para grandes producciones, los personajes carecen de sombras, tanto las que inciden sobre ellos como la que deberían proyectar, algo que multiplicaría el trabajo y por tanto los costes. Los fondos muy discretos, dejando en el magnífico colorido todo su peso, la planificación igual de sencilla, una cámara frontal que pasa a planos cortos y largos.

Y aún así con todas esas limitaciones, si el término “limitado” estuviera bien escogido, nos encontramos ante un trabajo que engancha nada más comenzar y que seguimos pendiente de él hasta el final.

El hámster protagonista, haciendo uso de su demagogia logra convencer a su amigo, ingenuo y bonachón, para que haga por él todas las labores, lo que no sabe el roedor es que donde las dan las toman. Desafortunadamente estamos en un mundo donde la figura que pretende aprovecharse del resto abunda en demasía.

Debido a que sí no se comprende lo que dicen no se puede enteder el cortometraje, explico a continuación la historia, de forma que si no queréis saber el final saltaros el siguiente párrafo.

El hámster se encuentra con su amigo Suslik y le pide que haga ejercicios por él, luego le solicita que vaya al bosque a por comida por él, y que no se preocupe por el zorro ya que él temará por Suslik. Al final Suslik se comerá la comida y le responderá al hámster: -No pienses que no quise compartirlas. Yo comí la más pequeña y por ti la más grande.

Ahora a disfrutar de la sencillez que hoy día se ha perdido en la animación.


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jueves 8 de diciembre de 2011

El Santa Claus de Mancini


Otro autor que sumamos a nuestra lista de compositores de género fantásitco es Henry Mancini, seguramente el gran publico no relaciona al compositor con este genéro, y lo hace más con la comedia romántica.

Henrry Mancini entra en el mundo del cine de la mano del departamento musical de Universal en la década de los cincuenta como arreglista, orquestador y compositor, destacando en el genero de ciencia ficción y terror, con títulos como “It Came From Outer Space” (1953), “Creature From The Black Lagoon” (La mujer y el monstruo,1954) o “Tarántula” (1955).

Su gran oportunidad le llega con Orson Well y la obra maestra “Touch Of Evil” (Sed de mal, 1957) donde compone un score a la altura de la película. Luego vendría la relación con Black Edwars y su consagración definitiva, no solo como uno de los grandes compositores de cine sino el primero en comercializar la musica para cine, y que el espectador reconociera su nombre en las películas, logrando ventas millonares con temas como “The Pink Panther” (La Pantera Rosa, 1961). El interés por comercializar sus temas pudo haber llevado a Mancini a componer música pensando más en criterios comerciales que en el interés de la propia película, de forma que una misma banda sonora podría servir para más de una films sin que el espectador lo notará, aún asi su música no bajaba en calidad.



“Santa Claus: The Movie” (1985) pertenece al grupo de bandas sonoras donde predominan los scores sinfónicos, estilo de música menos reconocido por el aficionado a Mancini, una musica elegante y con un buen uso de coros capaz de pasar de la comedia al drama sin darnos cuenta.

La película fue dirigida por Jeannot Swarzc autor de obras como “Somewthere In Time” (En algún  lugar del tiempo, 1981), música de esta película que también tratamos en este blog, o “Supergirl” (1984). Se trato de una producción de gran presupuesto que fracasó en taquilla y que no tuvo ni el favor de la crítica. Si los productores Alexander e Ilya Salkind pretendieron hacer la película navideña por antonomasia hoy dia esta totalmente olvidada por el espectador.

La BSO fue editada por EMI y Singular Soundtrack en una edición coleccionista limitada a 1000 copias, el CD viene prologado por el crítico Roberto Cueto, y seguramente sea imposible encontrarlo hoy día.

A continuación colgamos la primera pista “Main Title: Every Christmas Eve & Santa’S Theme” que dejaremos hasta que nos reclamen los derechos de autor.

jueves 13 de octubre de 2011

El “No se busca ayuda” de los Picapiedra


La TV o el cine son un reflejo de la sociedad del momento, un espejo donde observamos nuestras virtudes, defectos y miserias, no importa que el artista ponga todos sus medios para ceñirse exclusivamente al entretenimiento, al espectador más audaz no se le va a escapar ninguna de las lecturas por muy subrepticias que estas sean.

En el episodio 7 de la primera temporada de “Los Supesónicos” titulado “El traje volador” es un exponente de lo que decimos. El capítulo muestra una sociedad dominada por grandes corporaciones en una carrera por hacer más dinero, con una población subyugada a los caprichos de estas. Cometin, el hijo pequeño de Supersónico cree haber inventado una píldora capaz de hacer volar al hombre, eso significaría el fin de la tiranía de las entidades que dominan los transportes, la libertad de viajar donde uno quiera sin estar ligada la meta al bolsillo, y un largo etc. Pero Supersónico cuando descubre que esas píldoras funcionan, en ningún momento se plantea que tiene el poder de hacer la vida más fácil a los demás, simplemente grita “¡Nos vamos hacer ricos!” En aquella sociedad como en esta, no hay lugar para la solidaridad, no importa que a Cometin no le haya costado nada alcanzar la formula, Supersónico no está dispuesto a compartirla. Ese hecho se representa en la serie como un acto normal, lógico y se espera que el espectador diga de Cometin y Supersónico que son unos genios por lograr una fórmula que les hará ricos, los guionistas en ningún momento se plantean que el espectador pudiera pensar que sus personajes favoritos carecen de solidaridad. Los autores, sencillamente, han reflejado la sociedad tal como es, aunque ello no fuera su intención.


El éxito de series como “Los Supersónicos” o “Los Picapiedra” no solo subyace en la gran calidad de sus guiones, o en el diseño de personajes inolvidables, sino también en la capacidad de retratar una sociedad tan bien como lo podría hacer un libro de historia. Los dibujos animados de Hanna Barbera se hacen populares en una década donde la sociedad norteamericana vive su mayor boom económico, la sociedad del bienestar parece estar al alcance de cualquier ciudadano y el “sueño americano” parece más una realidad que una estupidez. Con la lejanía en el tiempo cuando leemos libros o visionamos series y películas de aquellos años, nos encontramos con una sociedad que en poco o nada se diferencia de la de hoy día, consumista, elitista e insolidaria. Con obreros que no llegan a fin de mes, que deben comprar una televisión a plazos, hipotecados hasta las cejas y muchos de ellos en paro.

Entonces es cuando me fijo en el episodio 4 de la primera temporada de “Los Picapiedra” titulado “No se busca ayuda” que debió haber sido emitido un día de 1960. El episodio sigue la misma estructura de guión que el resto de capítulos de la serie, capaz de mostrar hasta dos giros de guion inesperados en solo 24 minutos y lograr un argumento que en ningún momento es predecible, algo incapaz de de ver hoy día en cualquier serie cómica española -sea o no de animación-.

Pedro Picapiedra está enfadado con su amigo Pablo Mármol porque el “pequeño” no le ha agradecido lo que ha hecho por él. Pedro le ha cantado las cuarenta al jefe de Pablo, le ha reprochado que le explota a cambio de una miseria de paga, y ahora es de suponer que a Pablo le han subido el sueldo. Lo que no sabe Pedro es que no ha sido esa la reacción de la empresa, sino ha ocasionado el efecto contrario, han echado a la calle a su vecino.

En esta parte del argumento nos han presentado la vida media de la sociedad idealista americana, la explotación laboral.

Pedro arrepentido por lo sucedido decide buscarle un nuevo empleo a Pablo, y para ello recurre al mayor número de trucos, incluso a la mentira y al amiguismo.

Por primera vez, y no recuerdo haberlo visto en ninguna otra serie de televisión familiar sesentona americana, se trata el tema del paro, la dificultad de encontrar trabajo, y la necesidad del tráfico de influencias para lograr un puesto.

Pedro ha conseguido su objetivo, Pero Pablo Mármol le comunica a su amigo que va a renunciar a su puesto porque la labor que le ha tocado no es ética. Pedro le recrimina que arroje por la borda todo lo que ha hecho por él, y le lanza un sermón donde le deja bien claro lo insignificante de la moral, es él o los demás y debe luchar con cualquier arma a su disposición. Pablo queda convencido y continúa en su puesto de trabajo. Lo que no sabe Pedro es que el empleo de Pablo consiste en desahuciar y embargar a los morosos, y en aquella lista negra que tanto abunda hoy día se encuentra en primer lugar Pedro Picapiedra.


El planteamiento que hace esta parte del argumento da para mucho debate, la ética en el trabajo. Cuántas veces hemos oído a un empleado decir comentarios como “Si por mi fuera, pero es política de empresa”, “Si sé que usted tiene razón pero la empresa no es mía” o “No me gusta lo que hago pero tengo que comer”. Comentarios con los que se justifica un empleado para tener tranquila la moral, pero nada de eso disculpa la mala ética de un trabajador por mucho que le respalde su empresa, pero como indicaba es un debate extenso y es preferible dejarlo en este punto.

Pablo se presenta en casa de Pedro para embargarle la TV de la que debe una letra. Vilma no lo entiende, recuerda que Pedro fue a pagarla como cada mes, lo que no sabe la mujer es que Pedro se gasto el dinero en apuestas y no pagó la letra. De nuevo Pedro se enfada con Pablo por su actitud con él, y de nada sirve que el vecino le diga que solo ha seguido su consejo. Al final del episodio Pedro continuará enfadado con Pablo como al principio.

La parte final de episodio nos ha mostrado una clase media ahogada por las letras, un sufrimiento que beneficia a otro sector, además de reflejar el egoísmo del ciudadano, “conmigo has de ser ético, pero con el resto no porque si no te los comes a ellos, ellos te comerán a ti”, es decir estamos bajo la idea de “lo mío es mío y lo tuyo a repartir”, idea que todavía persiste hoy día y que es el mayor de los males.

domingo 18 de septiembre de 2011

Recordando El mago de los sueños


El 16 de Diciembre de 1966 se estrenaba en Barcelona “El mago de los sueños”, para muchos considerada la mejor película de dibujos animados de la historia del cine español. Se trató del debut en el largometraje de Francisco Macián, pero también de su única película, la quiebra de los estudios Macián, y de la prematura muerte del autor fueron las causas. La imposibilidad de una distribución internacional, como la carencia para invertir en promoción fuera de nuestras fronteras ocasionó que “El mago de los sueños” solo fuera proyectada para espectadores de habla hispana. Aún así el film fue capaz de recaudar 9 millones de pesetas, una cifra elevada para tratarse de la época y de una cinta de dibujos animados producida en nuestro país.

Sobre el cierre de los estudios que fundaron el propio Macián y Jaime Papaseit, el primero se manifestó en una entrevista mantenida con Isabel Belío y Carmen Moliné en Barcelona el 7 de octubre de 1991, fragmento recogido en el libro “Cine de Animación en España. Largometrajes 1945-1985” (1992, María Manzanera) en su página 86:

Entre todas las ayudas pedidas teníamos que devolver 7 millones y medio y no pudimos cubrir más que hasta 6, pero lo peor fue que la película se retrasó 8 meses y los sueldos ascendían a más de 800.000 Ptas. al mes en total, así que al haber ese retraso quedamos endeudados en una cantidad mucho mayor. Hubo suspensión de pagos y a los dibujantes que teníamos se les llegó a deber hasta dos meses; pusieron una demanda al sindicato y la película quedó paralizada”.


Francisco Macián estaba inmerso en la producción de “Candelita” pero no logró el interés de las distribuidoras, se trataba de un personaje desconocido e iba ser muy difícil atraer al espectador. Por aquel entonces los hermanos Moro habían logrado un espectacular éxito en 1964 con un spot de tan solo 20 segundos, logrando gran popularidad y generando un merchandising como nunca antes se había visto y como tampoco después se vería, un cortometraje de dibujos animados protagonizado por “la familia Telerín” y titulado “¡Vamos a la cama...!”. Macián había trabajado en los Estudios Moro como intercalador y animador, y tras reunirse con José Luís Moro consiguió que le cedieran los derechos de “La familia Telerín” a cambio de un 25% de las ganancias que generara un largometraje protagonizada por aquellos seis niños, de esta forma el autor no tendría que preocuparse de la promoción de la película, todo el mundo conocía a estos personajes, el merchandising estaba resuelto, y además aquellos dibujos animados se emitían todos los días a las 20.30 horas. Ya no habría ninguna distribuidora que pudiera ponerle las excusas que le habían estado dando, de forma que Macián cambió de proyecto a pesar del gran tiempo y trabajo invertido en ¨Candelita”.


http://www.youtube.com/watch?v=O-P_fJZSOFA

El autor debía respetar el contexto donde se desarrollaba el cortometraje de “la familia Telerín”, para ello recurrió a Hans Christian Andersen y a su cuento “Ole Cierraojos” publicado en España por Alianza Editorial en el recopilatorio “La sombra y otros cuentos”. Andersen nos contaba la historia de un duende que recompensaba a los niños buenos con felices sueños y castigaba a los malos con pesadillas. En “El mago de los sueños”, título que da nombre al duende, el personaje original del cuento se desdobla en dos duendes, Don Coco Quitasueños es el segundo de ellos del que no hace falta aclarar su función.

La estructura narrativa, ya utilizada por Walt Disney en películas como “Saludos amigos” (1942; Ferquson, Jackson) o “Melody Time” (1948, Tiempo de melodía; Geronimi, Jackon, Kinney, Luske ) con la sola intención de aminorar los costes de producción es de la que hace uso Francisco Macián, un número de cortometrajes unidos por un nexo común. En el caso de “El mago de los sueños” cada uno de los sueños y pesadillas de los miembros de la familia Telerín con los que son recompensados o castigados por los duendes protagonistas, en un total de 6 historias cortas, basadas también en otros tantos cuentos de Hans Christian Andersen.

Estructura esta que puede convertirse en un arma de doble filo, la dificultad de que todos los relatos tengan un mismo nivel de calidad, el cambio de estética entre una y otra historia o la falta de complicidad del espectador por no poder identificarse con un solo relato. En la historia del cine de animación siempre han quedado relegados a un segundo lugar aquellos largometrajes que han seguido esta estructura, y valga de ejemplo el propio cine de Walt Disney, autor con el que se identifica, admira y homenajea Macián.

Como ya comentábamos al comienzo del post, Macián se encontró con la quiebra antes de finalizar la película, en el relato del sueño de Cleo puede advertirse como la calidad técnica de la animación baja brutalmente en este fragmento titulado “Cleo y el platillo volador”, con unos fondos sencillos que simulan dibujos infantiles coloreados con ceras a los que acompaña una animación extremadamente limitada. Aún así gracias a la canción interpretada por "Los 4 de la Torre" y Teresa María la pieza aguanta el visionado aún después del fuerte contraste con la magnífica animación del comienzo de la película que poco tendría que envidar a un film de la factoría Disney, aunque el intento del autor por hacer pasar el fragmento por una animación sicodélica no cuela, y queda como un sencillo y barato número musical o “videoclip”.


http://www.youtube.com/watch?v=en4VLLrvxio

La calidad de su animación, el trabajo de fondos, los efectos visuales, una música cautivadora o su doblaje sensacional son virtudes suficientes para que “EL mago de los sueños” pueda situarse entre las cimas del dibujo animado español, seguramente a muchos nos hubiera gustado una estructura narrativa menos cercana a un cúmulo de cortometrajes o incluso que las influencias de las películas de Disney no fueran tan directas, pero el mercado de entonces –y seguramente el de hoy- no daba para mayores atrevimientos.

domingo 28 de agosto de 2011

La nave fantasma


“La nave fantasma” (1969, Sora robu yureisen) de Hiroshi Ikeda no es siquiera una de las películas más representativas del género anime, incluso en su concepción es fallida, pero el intento de sus creadores de hacer la obra más completa, comercial y competitiva la convierte en un largometraje que recoge todos los elementos que se le podía pedir a un anime, al menos durante aquellos años.

Hiroshi Ikeda (1934) entró como asistente en la poderosa Toei Animation y en muy poco tiempo llega a ser director, convirtiéndose “La nave misteriosa” en su segundo largometraje. Película esta que si buscamos por Internet siempre se resalta los dos mismos datos, que fue el primer anime estrenado en la Unión Soviética, y la contribución a la película de Hayao Miyazaki, nombre este que es utilizado para continuar promocionando el film. Miyazaki fue el responsable del diseño de uno de los personajes, el robot, un diseño tosco y sencillo, del que me atrevo a definir como feo.



Hayato es feliz junto a sus padres y su mascota, un gran danés que en su animación e interpretación recuerda mucho a otro muy popular, Scooby Doo, ambos animales son cobardes pero fieles a sus amigos. Tal vez la comparación no este de menos, el comienzo de “La nave misteriosa” parece transitar como un argumento más de la serie de Hanna Barbera, incluyendo un mensaje ya en los propios créditos que compartirá con Scooby Doo, “Todo tiene una explicación racional y no hay que llevarse por la primera impresión.”, una calavera sobre la cubierta del barco parece querer moverse o hablar, pero en realidad es un cangrejo que solo intenta escapar de su interior. Ambas producciones son de 1969 y posiblemente todavía la una no conocía de la otra, de forma que las  conjeturas de esta naturaleza podemos dejarlas aparte.


“La nave fantasma” tiene un comienzo prometedor, nos adentramos dentro del género de terror con elementos como mansiones encantadas, apariciones fantasmales y un barco del más allá que surca los mares, y a Hayato como protagonista principal, un niño con el que puede identificarse el espectador más joven. Todo niño siempre se ha sentido atraído por  los decorados góticos, los espectros y la iluminación claro oscura, y la película cumple con todas esas premisas.

En un giro brutal de guión se abandona este género de terror para entrar en el de la ciencia ficción puro y duro, un robot gigante irrumpe en medio de la ciudad provocando un cataclismo. La película se adentra en el  “mecha” por aquel entonces muy de moda. Como podemos apreciar sus autores están dispuestos a llevarse de calle a toda clase de público, a seguidores de un género u otro.


Pero las dosis melodramáticas no pueden faltar, y Hayato pierde a sus padres en la catástrofe ocasionada por la “creación” de Miyazaki, ambas muertes se muestra al espectador explícitamente, la agonía del padre en el hospital y el cadáver de la madre aplastado por una viga, un drama que se va a acentuar todavía más cuando Hayato se lamenta de porque no ha muerto él también, logrando las lágrimas del espectador.


El niño protagonista en un principio paga su desgracia con el gran danés al que maltrata, para luego reconciliarse con él. Hasta aquí, casi la mitad de la película, el planteamiento tanto desde un enfoque comercial como artístico funciona como una maquinaria bien engrasada.

Pero fijémonos en como sigue la trama argumental para ver que sucede después:

Minutos antes de morir el padre de Hayato le revela que él no es su verdadero padre sino que fue adoptado, y además le da una foto de sus   padres biológicos. Hayato queda al cuidado del jefe de su padre, presidente de una empresa de refrescos. El niño, en su nueva casa, halla un ascensor secreto que le lleva hasta una base subterránea. Allí descubre con horror que ese hombre al que está a su cuidado es el verdadero villano, dueño del gran robot que asesinó a sus padres, y también se revela que los refrescos que vende ocasionan la adición del consumidor y que su  continuada consumición derrite a quienes los toma.

Pero aún va más lejos el argumento, y la trama todavía se complica   con más giros de guión:

Hayato logra huir de esa mansión en la que estaba supuestamente acogido, y acaba dentro del barco pirata que no es tal, sino un submarino camuflado con una tecnología que le permite surcar los cielos como un gran avión. Entonces es cuando descubre que el capitán de ese navío era aquel que se había echo pasar por fantasma al comienzo de la película, un antiguo socio del villano de la película –el jefe del padre muerto de Hayato- que por cuestiones económicas se deshacieron de él, pero que ahora ha vuelto, y creyéndole todo el mundo muerto   toma la forma de un fantasma. Después de que este “fantasma” se quite la máscara Hayato descubre que se trata de su verdadero padre.


Si pensaban que “La nave fantasma” no iba a traer más sorpresas, esperen porque todavía hay otro giro de guión y mucha más acción:

Se nos descubre que el villano de la película no es tal, sino que este es un siervo de un villano mayor que se esconde en las profundidades marinas. Este nuevo villano del que no sabemos nada  ni tampoco sus razones, envía a la tierra una legión de cangrejos gigantes para destruirla. Solo “La nave fantasma” podrá impedir el fin del mundo, pero el capitán cae herido en una batalla y no hay nadie para comandar el submarino volador. Bueno, lo que es nadie no, Hayato toma el mando y dirige la nave contra la nueva base secreta de las profundidades marinas para destruirla y slavar al mundo.

Con un argumento tan surrealista y extravagante se entiende las ganas de comentar esta película en este blog. El mayor error de sus autores fue la de cargar el film con todos los elementos comerciales existentes en el mercado, dejando a la película sin identidad, llena de artificios y confusa para el espectador infantil –y también para el adulto-. Pero recordamos la primera mitad tan bien narrada, entretenida y atractiva, aún siendo un cliché del cine de misterio.

Esta película fue editada en España por Divisa Red en su sello divimagic y puede encontrarse en a un precio de 2.95 €.